Cuento: "Las Casas de ellos". Escrito por: Isaac Contreras
- isaac contreras
- 11 abr 2025
- 3 Min. de lectura

¡Hoy ya no hay miedo! —gritó el hombre. Tomó la palabra abriéndose paso sobre las escalinatas de la iglesia vieja. La saliva era expulsada con rabia; debajo del sombrero, escurre el sudor (y antes, lágrimas) sobre su cara enrojecida. La camisa percudida, empapada por el calor y la ira; el machete oxidado en la mano, le da expresión a cada palabra que sale de su boca.
Algunos niños juegan con piedras y perros. Mujeres y hombres observan, escuchan, sienten. El pueblo entero está ahí, bajo el sol rojo de las cinco, con los rostros marcados por años de injusticias y silencios.
—Nos quitaron el agua. Nos dijeron que el río ya no era nuestro. Y no hicimos nada.
—Nos pusieron candado a la montaña, le pusieron nombre y le clavaron tubos pa' sacarle el alma. ¡Y nos dijeron que era por nuestro bien!
El viento dejó de soplar las campanas, como si la iglesia también quisiera escuchar.
—¡Mentiras, y más mentiras! ¿Por nuestro bien? El bien no tiene cercos. El bien no viene con factura.
El machete parte el cielo con fuerza.
—¡Ellos!
—Los de allá arriba, los que viven tras los cerros, en casas tan grandes ¡que ni las pueden barrer solas!
—Los que nunca han sentido el hambre que arde como fiebre en el estómago.
—Los que comen lo que nosotros cultivamos, beben el agua que nos quitaron y se limpian el culo con el papel que se hace con nuestros árboles.
Suspira. La voz, más pausada. Mira al niño que juega con piedras. La tierra le cubre la cara. Piensa en su propio hijo, muerto por una tos que el doctor dijo que era polvo en los pulmones. Polvo de mina.
—No sabemos qué son, pero sí sabemos lo que hacen.Nos miran como si fuéramos ganado.Nos envenenan la tierra, a nuestras familias, nuestras vidas.Nos meten miedo con uniformes y pantallas.Nos ofrecen trabajo, pero no vida.Nos quieren quietos, cansados, obedientes.
Con cada palabra, la multitud se va haciendo piedra. Dura. Silenciosa. Pero cada palabra es un eco que carga pólvora en su interior.
—Nos enseñaron a agachar la cabeza.Pero hoy, ¡hoy… aprenderemos a levantarla!
El machete se alza al cielo. Brilla, aunque el metal esté viejo. La luz lo besa con el último rayo del atardecer.
—¡Hoy ya no somos pueblo!
¡Hoy somos las rechingadas ganas de vivir!
¡Hoy somos manada!
¡Hoy somos tormenta!
¡Hoy somos los hijos de esta tierra!
¡Hoy no pediremos permiso!
¡Hoy… ya no! ¡Nunca más!
Los gritos estallan, rugidos de gente que ya no sabe llorar. El suelo tiembla con su determinación. (Las grietas de la injusticia parten la roca de cada uno de ellos. Nacen nuevamente, con valentía y arrojo). Las gallinas huyen. Los perros ladran. Hasta los árboles gritan y mueven sus hojas.
—Ellos tienen muros.Nosotros tenemos piernas y manos
.—Ellos tienen cámaras.Nosotros tenemos ojos. ¡Y los hemos abierto!
—Ellos tienen miedo a perderlo todo. Nosotros ya lo perdimos. ¿Qué más nos pueden quitar? ¿Nuestras vidas? ¿Podemos llamar "vida" a esto?¿Cómo podemos ver a los ojos a nuestras familias y decir que esta vida les dimos?
No. Nunca más. ¡Hoy ya no hay miedo!
La multitud ya no es una multitud. Es un solo cuerpo. Una criatura antigua que recuerda lo que es tener hambre y no tener miedo.
—Las casas de ellos... Sí. Las casas de ellos serán nuestras.Y no porque queramos sus lujos,¡sino porque están construidas sobre nuestros huesos!
Se escuchan pasos. No de uno. De cientos. Alguien enciende una antorcha. No hay más palabras. El discurso ha terminado.
Ahora habla el fuego. Ahora habla la historia.
Cuento: “Las Casas de ellos”
Escrito por: Isaac Contreras
Laberinko ®







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